La Indulgencia Del Jubileo De Los 500 Años De Evangelización En Santo Domingo PDF Imprimir Correo
Escrito por Padre Lucas Lafleur, msc.   
Jueves, 02 de Junio, 2011

Jubileo V CentenarioLa indulgencia es el don total de la misericordia de Dios. Con la indulgencia otorgada al pecador arrepentido se remite la pena temporal de los pecados ya perdonados.

Entendemos bien que el perdón de Dios dado en el Sacramento de la Confesión o Reconciliación, no suprime la necesidad de efectuar una reparación de la falta: si he robado 500 pesos, una vez perdonado sigo teniendo que devolver aquellos 500 pesos. De la misma manera, nuestros pecados, que son faltas contra el amor, contra Dios, contra los demás y contra mí mismo necesitan una reparación de amor. Dejan en mí y en el mundo secuelas que pueden ser enmendadas, curadas con un aumento de amor. La indulgencia es este aumento del amor que realizaron los Santos, unidos a Jesucristo y a su amor infinito.

 

Indulgencia y conversión: el don de Dios

Juan Pablo II, en la Bula del Jubileo, insiste en la conversión unida al don de la misericordia, la plenitud de la misericordia del Padre: El Sacramento de la Reconciliación (o sacramento de la penitencia, o confesión) - condición necesaria para recibir la indulgencia- da al pecador una nueva posibilidad de conversión, de cambio de vida. Estamos, por este Sacramento, sumergidos en la vida de Dios. Pero esto trae como consecuencia un autentico cambio de vida, la eliminación progresiva del mal interior. Por ello, el don del perdón (en el Sacramento de Penitencia) debe prolongarse con un cambio existencial, una purificación (es la indulgencia). Porque el hecho de haber sido perdonado, reconciliado con Dios, no excluye que queden en nosotros consecuencias (o secuelas) del pecado, de las cuales es necesario purificarse. Por esto se nos concede la indulgencia: se remite al pecador arrepentido la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la falta, por un don total de la misericordia (Bula, numero 9 hasta el final).

La Iglesia nos propone el don de Dios. Recibámosle con todo nuestro corazón.

 

¿Es necesario ser perfecto para recibir la Indulgencia?

Algunas personas resaltan que la indulgencia no puede ser plenaria más que si se renuncia completamente al pecado. Es verdad. Pero, cuando con todo mi corazón y toda mi alma digo a Dios que quiero quererle totalmente, es El, el único Perfecto, el que me concede la gracia. Es Dios quien nos hace buenos y no nosotros mismos con nuestros esfuerzos.