Periodista noruega reflexiona sobre la tragedia que sacudió a su país PDF Imprimir Correo
Escrito por Padre Lucas Lafleur, msc.   
Martes, 18 de Octubre, 2011

Este artículo es la reacción de una periodista noruega frente a aquella tragedia que tanto nos impactó. Pienso que su contenido nos puede inspirar de manera muy favorable, frente a la ola de violencia que se vive en nuestro país, hasta en la misma puerta de nuestra parroquia.

Buena lectura a todos y todas.

Periodista noruega reflexiona sobre la tragedia que sacudió a su país

Por: Heidi Taksdal Skjeseth, 29 de Julio del 2011

Oslo y la isla de Utoya, aún están inundadas de flores, en recuerdo de los caídos. Foto: AFP

Heidi Taksdal Skjeseth asegura que su pueblo cree en una sociedad más humana y democrática.

Sentimos la explosión todos los que estábamos en el centro de Oslo aquel viernes 22 de julio, algunos saliendo del trabajo, otros paseando por la ciudad. Fue como un terremoto. La tierra vibró, las ventanas de mi oficina, que está a sólo 150 metros de donde el terrorista Anders Behring Breivik puso la bomba, se rompieron.

"Fue el sonido que hizo que Noruega perdiera su inocencia", dijo Knut Olav Amås, un influyente comentarista del diario 'Aftenposten', reflejando muchos de los sentimientos del primer día del choque y del terror.

Pero creo que no tiene razón, vista la respuesta del pueblo noruego en estos últimos días. Las manifestaciones de flores, de amor y de llanto han mostrado a un país de luto, pero también a un pueblo que quiere seguir con su vida abierta, democrática y tolerante.

Aquí no hay nadie que quiera venganza. El asesino tiene su abogado y el sistema judicial se ocupa de él. Queremos seguir viviendo como antes, tal vez vulnerables, pero en una sociedad humana, democrática y con confianza en los demás.

Ya se ha escrito mucho sobre nuestro terrorista: un hombre rubio, alto y noruego, de ojos azules y un odio y un miedo inexplicables. He leído su manifiesto contra nuestra sociedad. Anders Behring Breivik tiene miedo de todo y de todos, de nuestra sociedad multicultural y de los inmigrantes musulmanes.

Se siente en guerra, dice su abogado. ¿De dónde vienen esos pensamientos, esa guerra, tan brutal y tan urgente? No lo sé. Tenemos más o menos la misma edad él y yo. Crecimos en la misma ciudad, yo en la parte este, él en la oeste.

Desde fuera, parece que vivimos más o menos las mismas vidas. ¿Cómo pudimos vivir lo mismo y llegar a conclusiones tan diferentes? ¿Cómo ha podido Noruega, un país tranquilo y seguro, generar a un hombre tan hostil, capaz de matar a decenas de niños inocentes? Es imposible responder.

Cuando crecimos en Oslo, él y yo, había menos inmigrantes. Con la inmigración sí ha crecido el nivel de racismo, en Noruega como en toda Europa. En los últimos años han surgido grupos nacionalistas y páginas web extremistas, donde Anders Breivik Behring podía compartir y desarrollar su ideología.

Sus ideas también aparecen fomentando un debate público sobre la inmigración, que ha sido a veces hostil y duro, confirmando para Behring sus ideas del "peligro musulmán". Uno de las conclusiones más obvias de esta tragedia es que hay que prestar más atención a las fuerzas de la extrema derecha.

Hasta ahora, todos -la policía y también la prensa- hemos prestado la mayoría de nuestra atención a los extremistas islamistas. Pero en Noruega, los pocos ataques que hemos vivido han sido de extremistas de derecha.

¿Cómo va a cambiar la sociedad noruega por este ataque a nuestros jóvenes inocentes? La respuesta de nuestros políticos y del pueblo noruego ha sido clara: queremos más democracia, más humanidad y más confianza.

 

Diferentes respuestas

El contraste con los Estados Unidos de George W. Bush después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 no podía ser más grande. Mientras Bush juraba que iba a perseguir y atrapar a los culpables, nuestro primer ministro, Jens Stoltenberg, declaró: "Responderemos a este ataque con más democracia y más apertura".

Parece ingenuo, parece inocente, y tal vez lo sea. Pero hay diferencias muy grandes entre Noruega y muchos otros países del mundo. Nos gusta mucho nuestra inocencia. Por ejemplo, aquí la policía no lleva armas. Para llevar un arma, un policía tiene que pedir permiso a su jefe y justificarlo bien. Queremos mantener esa costumbre.

La pena de prisión más larga en Noruega son 21 años. Aunque para obtener la libertad, el criminal debe demostrar que ha cambiado verdaderamente y no va a volver a delinquir. Horas después de conocer este crimen monstruoso, un sondeo en Facebook preguntando a la gente si querían cambiar esa ley, dio como resultado que el 75 por ciento de los más de 100.000 que contestaron dijeron que no.

Estos días he visto militares con armas enormes en las calles de Oslo por primera vez. No me sentía en casa.

En las calles de Oslo te puedes encontrar con el primer ministro andando a su oficina (con guardaespaldas detrás, algo que causó polémica). He encontrado al ministro de Medioambiente en el autobús, con sus bolsas de plástico llenas de comida del supermercado.

El político noruego ideal es como el pueblo, con el pueblo. Una imagen muy concurrida es una fotografía de nuestro antiguo rey Olav, que intenta pagar un billete de tranvía durante la crisis del petróleo de 1973.

Como mucha gente dice aquí, somos vulnerables, pero hemos decidido ser vulnerables. Eso es algo que viene con una sociedad abierta y libre y lo vamos a seguir haciendo de esta manera. Los océanos de flores que todavía llenan Oslo son un manifiesto de lo que decía uno de los jóvenes sobrevivientes de Utoya (donde ocurrió la tragedia): "Si un hombre puede mostrar tanto odio, imagínate cuánto amor podemos mostrar todos juntos".

* SOBRE LA AUTORA: Es periodista del diario noruego 'Dagsavisen'. Estudió en la Universidad de Columbia.