La Vida En El Espíritu Santo PDF Imprimir Correo
Escrito por Padre Lucas Lafleur, msc.   
Jueves, 24 de Mayo, 2012

En nuestro encuentro de hoy queremos profundizar en la presencia del Espíritu en nuestro diario vivir que se manifiesta en sus frutos. O en otras palabras, profundizaremos en la espiritualidad o vida en el Espíritu Santo propia del confirmado.
 

I - Llamados a vivir según el Espíritu Santo

La palabra "neumáticos" es una palabra griega que quiere decir "lleno de aire". "Espíritu" se dice en griego "pneuma", que quiere decir "aire".

Cada cristiano está llamado a ser una persona neumatizada, es decir, llena del Espíritu Santo, que es el soplo de Dios que nos da vida.

Por eso, llamamos "espiritualidad" a la manera concreta de vivir según el Espíritu Santo, que cada cristiano y cada comunidad cristiana desarrolla en su vida diaria y en la situación social e histórica en que vive.

Vivir en el Espíritu es vivir en Cristo y su Reino. Lo que hace el Espíritu Santo es llevarnos "al pleno conocimiento del Hijo de Dios, al estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo" (Ef. 4,13).

Lo que sucede en la Confirmación es que "hechos partícipes de Cristo (que significa Ungido), son llamados, con toda razón, "cristos", o sea, "consagrados" (San Cirilo de Jerusalén).

Así como las gomas o neumáticos sólo pueden correr y avanzar si tienen aire, así nosotros sólo llenos del Espíritu Santo podemos decir que Dios es "Abba, Padre" y que "Jesús es Señor" y vivir en consecuencia como hijos del Padre y hermanos de Cristo y de todas las gentes.

Es el Espíritu que ha inscrito la Nueva Alianza en nuestros corazones y que nos dará la capacidad para vivir de acuerdo a las Bienaventuranzas (Mt. 5-7), que es vivir la nueva vida de Cristo, teniendo sus mismos sentimientos hasta poder decir plenamente: "Mi vida es Cristo".
 

II - Los Frutos del Espíritu Santo

Como dijo Jesús: "Por sus frutos, los conocerán". De modo que a una persona se les conoce si se deja conducir por el Espíritu Santo, en la medida que dé los frutos de este Espíritu.

Al hablar de frutos estamos hablando de crecimiento y maduración. Así como una planta para dar frutos maduros necesita un proceso de crecimiento, florecimiento y maduración, también nuestra vida cristiana será un continuo crecer, un avanzar en la dirección que nos marca el Espíritu Santo y bajo su impulso. Esto supone mucha atención para escuchar lo que este Espíritu nos va diciendo a cada uno y a la Iglesia e implica obediencia para hacer lo que El sugiere.

La tradición de la Iglesia, inspirada en San Pablo, enumera doce frutos: "Amor, Alegría, Paz, Paciencia, Afabilidad o Longanimidad, Bondad, Benignidad, Mansedumbre, Fidelidad, Modestia, Dominio de sí o Continencia, Castidad". (CIC #1832) (Ver Gal.5,22-23)

Veamos el significado de estos frutos.

1 - Caridad: 1Cor 13

Entre los frutos destaca el gran fruto del Espíritu en nosotros que es el amor-caridad, amor-ágape, amor al estilo de Dios: "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado" (Rom.5,5).

Para saber en qué consiste este verdadero amor leamos el hermoso himno al amor cristiano en el que San Pablo presenta sus diferentes características: 1Cor.13.

Este amor sincero, desinteresado, constante, que va más allá de las apariencias y de los gustos y atractivos es sólo propio de Dios y sólo con la fuerza del Espíritu Santo en nosotros podemos amar así.

Si nos fijamos bien los otros frutos del Espíritu Santo en nosotros son manifestaciones concretas de este amor.

Su contrario: el odio, el amor interesado.
 

2 - Gozo y Alegría: Jn 15,1-17

La alegría es satisfacción, es sentirse bien, estar a gusto, sentirse lleno de vida. Este gozo es fruto de la presencia de Dios en el corazón. Nace en el que camina en su amor y vive dándose, entregándose con generosidad a los demás.

El que ha puesto su esperanza y confía en el Señor nada teme a las dificultades y problemas de la vida (Mt.6,27-34). Su plan de vida está basado en las Bienaventuranzas (Mt. 5-7).

Su contrario: la tristeza, la amargura, vivir frustrado...
 

3 - Paz: Jn 15,27; Ef 2,14-18

La paz es la armonía o sintonía que se vive con Dios, con uno mismo, con las otras personas y con la creación. Por eso hablar de paz es hablar de bienestar, prosperidad, buena salud, amistad con Dios y con todos, justicia y equilibrio.

Rota por el pecado, la paz ha sido restablecida por Jesucristo con su entrega total en la Cruz. Su Espíritu nos sintoniza con la voluntad amorosa de Dios y nos hace vivir en la alegría del amor fraterno.

Portadores de la paz, estamos llamados a trabajar por la paz, a pesar de las guerras y discordias.

Su contrario: la guerra, la división, los pleitos...
 

4 - Paciencia: Lc 21,16-19; 1Ts 5,14

La palabra paciencia viene del latín y significa el que padece, el que está sufriente. Es el que sufre sin desesperarse ni desesperar, el que sabe esperar, el que tiene aguante en su sufrimiento, y da tiempo a la acción de Dios y de los hermanos.

Dios se muestra paciente con nosotros, pecadores (Mt.18,21-35). También nosotros estamos llamados a ser pacientes con nuestros hermanos. También estamos llamados a ser fuertes en la tribulación y los problemas (2Cor.6,6; 2Tim.3,10-15) ya que nuestra vida pertenece a Dios y El sabe el momento oportuno de actuar.

Su contrario: la desesperación, nerviosismo...
 

5 - Longanimidad o Inmensa Bondad: Rm 2,4-11; 9,22

La palabra longanimidad quiere decir: ánimo grande o generoso. Es decir, corazón lleno de bondad. Es la paciencia llevada al extremo por amor.

Es propia de Dios que en su misericordia siempre espera en nosotros y nos compadece dándonos siempre su perdón. También nosotros estamos llamados a vivir esta inmensa bondad con los hermanos, con un corazón grande para amar, para compartir con todos, sin ninguna clase de tacañería, dándonos por entero como Jesús.

Su contrario: la tacañería...
 

6 - Bondad: Mt 5,43-48; St 2,26-27

La bondad es la capacidad de hacer el bien en todo lo que uno hace y dice. Es sembrar amor y bien por dondequiera que uno pasa. Es brindar la presencia amorosa de Dios siendo un signo de su amor, siendo la mano amiga y generosa que ayuda, promueve, y hace feliz a los otros.

Su contrario: la maldad, la impiedad, la dureza de corazón.
 

7 - Benignidad o Amabilidad: Mt 5,21-24; Ef 4,1-2; Co 3,12

Benignidad quiere decir amabilidad, tener buen trato con los demás, ser capaz de tener buenos modales, delicadeza y ternura con todos.

En nuestra manera de hablarnos, relacionarnos y comportarnos se muestra la calidad de nuestro amor. Es importante que seamos agradables para los demás y que sepamos hacer sentir bien al otro tratándolo con toda la dignidad de los hijos de Dios.

Su contrario: la grosería, ser odioso, humillar a los demás...
 

8 - Mansedumbre o Humildad: Mt 11,28-30; 1Pe 5,5-7

La mansedumbre o la humildad es la capacidad de cada uno aceptarse como es sin pretender ser más ni menos que los otros. Una persona humilde siempre trata a los demás con igual dignidad y respeto, sin hacer distinción de personas. No se engrandece ni hace sentir a nadie inferior.

Con razón, humildad viene de humus, que quiere decir tierra. Nos recuerda que somos tierra, que todos somos importante pero al fin y al cabo somos tierra.

La humildad nos convierte en un tipo de persona a la que cualquiera puede acercarse sin mayores complicaciones, encontrando siempre acogida y comprensión. Le hace ser capaz de dejarse enseñar por los otros. Le hace ser obediente y dócil al Evangelio y a lo que Dios le pide a través de sus mensajeros.

Su contrario: orgullo, altanería, rebeldía sin causa, prepotencia...
 

9 - Fidelidad: Lc 9,61-62; Hb 12,1-4

La fidelidad es la capacidad de permanecer firmes y leales, cumplidores y constantes a la palabra dada y a su decisión por el Señor, sin mirar hacia atrás. Fiel es aquel que cuando dice "sí" es sí y cuando dice "no" es no.

Mantiene sus principios de fe aunque vengan modas contrarias, aunque le cause contrariedades, persecuciones, críticas y dificultades en su vida.

Su contrario: la inestabilidad, la hipocresía...
 

10 - Modestia: Mt 6,1-8; Tm 2,8-10

La modestia es la expresión de la humildad. Una persona modesta se le nota en su manera de vestir, de hablar, de vivir y comportarse. Se muestran sencillas, naturales, sin ningún afán de hacer ruidos ni de buscar aplausos.

Su contrario: la vanidad, la búsqueda de honores y de llamar la atención.
 

11 - Dominio de sí mismo o Continencia: Mt 26,37-41

El dominio de sí es la capacidad de contenerse antes de hacer cosas que van contra el Plan de Dios y perjudican su vida y la de los demás.

En nosotros hay fuerzas instintivas, deseos y pasiones que se despiertan fácilmente y nos atraen queriéndonos llevar a realizar acciones que nos alejan de Dios, dañan a los otros y nos destruyen. Con el dominio de sí mismo podemos superar esas tentaciones, razonar antes de actuar y hacer lo que Dios quiere.

Su contrario: falta de voluntad, el dejarse llevar de otros, la flojera interior...
 

12 - Castidad: Mt 5,27-32; 1Co 7,18-20

La castidad es vivir la sexualidad dentro del proyecto del amor que Dios le ha dado. La sexualidad es hermosa, Dios la ha creado como expresión del amor verdadero entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio y como medio de procrear los hijos.

Todo acto sexual fuera del matrimonio va contra la ley de Dios y degrada a la persona que lo realiza. Así la expresión más sublime de amor se convierte en una expresión egoísta.

La castidad es para todos los cristianos: casados y solteros. Dentro de la Iglesia hay algunos y algunas que por el Reino han consagrado todo su ser, incluida la sexualidad, para vivir como propiedad exclusiva de Dios y a entera disponibilidad de sus hermanos.

Su contrario: la inmoralidad sexual, la pornografía, la promiscuidad...
 

Dinámica para aprender los frutos del Espíritu Santo:

El animador prepara papeles medianos. En cada uno escribirá uno de los frutos del Espíritu. Los repartirá al azar entre los participantes. A los que le salió el mismo fruto se juntan, buscan una cita bíblica que le corresponda y luego lo presentarán en el plenario, diciendo en qué consiste cada fruto.
 

III - La oposición de la Carne contra el Espíritu

Aunque hemos sido redimidos y se nos ha dado el Espíritu Santo, en nuestro interior existe una oposición contra el Espíritu, que Pablo llama "la carne".

Esta carne no se refiere a nuestro cuerpo sino al deseo del pecado, la atracción del placer que tiene dentro el pecado, la inclinación al mal y la debilidad ante las tentaciones y seducciones del Maligno que hay en nuestro interior.

El Apóstol nos dice: "Efectivamente, los que viven según la carne desean lo carnal... Pues las tendencias de la carne son muerte..., ya que llevan al odio a Dios: no se someten a la Ley de Dios, ni siquiera pueden; así los que están en la carne no pueden agradar a Dios" (Rom. 8,5-8).

Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, divisiones, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes" (Gal. 5,19-20).

Esta oposición de la carne está apoyada y movida por el Espíritu del Mal, que es el padre de la mentira, acusador, adversario e incitador al mal.

Por eso nuestra lucha va más lejos de nuestro interior, es una lucha "contra los principados, las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas". (Ef.6,12)

Este Espíritu del Mal toma formas concretas en estructuras, ideas, sistemas y modas que atentan contra el Espíritu Santo.

Pero, no tenemos miedo, ya que nosotros tenemos la fuerza del Espíritu de Dios que nos hará mantenernos firmes y salir victoriosos.

Por este combate que conlleva vivir como cristianos, algunos escritores cristianos, ven que en el sacramento de la Confirmación se nos hace soldados de Cristo: "En el Bautismo somos regenerados por la vida, después del Bautismo somos confirmados para la lucha. En el Bautismo somos lavados, después del Bautismo somos robustecidos. (...) La Confirmación ofrece las armas y prepara a aquellos que están destinados a la lucha". (Fausto Rietz)